Celebramos hoy una nueva Diada Nacional y, lo que debería ser una jornada con un ambiente festivo, es para una buena parte de la sociedad motivo -de nuevo- un día de reivindicación y, lo que es aún peor, de sentimiento de temor y ante la evidente regresión social.
En los últimos días, que han coincidido con mi llegada a Catalunya, se han producido una serie de hechos que inquietan a esta país, aunque por motivos bien distintos e, incluso, con enfoques absolutamente diferentes de la misma cuestión.
Por un lado, la infame reforma de la Constitución española, hecha con nocturnidad y alevosía y que ha sido impuesta por el rodillo de los dos partidos mayoritarios que, en esto como en otras muchas cosas, no tienen el más mínimo inconveniente en pactar.
Desde CiU, cínicamente, como suele ser su costumbre, se quejan de que Catalunya ha quedado fuera de esta reforma y no ha sido escuchada. Nada más falso.
Por supuesto ni una palabra de la barbaridad que supone incluir en el texto constitucional semejante norma porque, evidentemente, están de acuerdo con el fondo.
Los diputados del PSC y del PP de Catalunya han votado a favor de la reforma y, por mucho que no disguste, son tan representantes de los electores de este país como los de CiU, los de ICV y los ERC. Otra cosa es que sean pésimos representantes, y estén al servicio de otros intereses y no quieran oponerse para seguir saliendo en la foto.
CiU, una vez más, es presa de su incoherencia. Sólo se acuerda de Catalunya cuando conviene a sus intereses que cree, desde los tiempos del pujolismo, que son los intereses de su organización. Pero Catalunya es mucho más que CiU.
No tendrá inconveniente en aceptar la ayuda del PP para sacar adelante unos presupuestos llenos de recortes sociales, pero es escandaliza cuando este partido, dirigido por la reaccionaria Sánchez Camacho, una especie de Esperanza Aguirre en versión catalana , se suma jubiloso al feroz ataque contra el sistema de inmersión lingüística y lo asume como un éxito propio.
Y también lloran y patalean cuando el alcalde de Badalona tiene la desfachatez de suspender los actos de la Diada.
CiU debería saber con quién prefiere pactar. Precisamente, como he comentado en estos días se ha producido de nuevo un ataque estúpido contra el idioma catalán, a costa de la enseñanza por parte de sus aliados "constitucionalistas".
¿Cómo es posible que se quieran cargar un modelo que ha funcionado perfectamente durante los últimos 30 años, que tiene el visto bueno del Tribunal Constitucional español y la de la UE, porque a tres familias no les guste que las clases se den en catalán? ¿Qué espera CiU para romper por completo cualquier acuerdo con el PP?
En fin, este es un poco, de forma muy simplificada, el panorama que tiene Catalunya en este 11 de septiembre: oportunismo por unos y agresiones de otros. Mala maror.
Este es un blog abierto a todo tipo de opiniones. Sólo se eliminarán las que no sean respetuosas con los derechos fundamentales de las personas, falten el respeto a otros intervinientes o contengan comentarios racistas, xenófobos, vioentos o cualquier otro que atente contra la dignidad humana.
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domingo, septiembre 11, 2011
sábado, octubre 16, 2010
SENZILLAMENT, COMPANYS
Ahir no tenia ganes ni ànim per escriure. No obstant això, tenia un compromís amb mi, amb Catalunya i amb la Llibertat, un compromís amb nom propi: Lluís Companys.
Des de fa molts anys he sentit una profunda admiració pel President Companys. He seguit la seva trajectòria humana i política i crec que sí, que efectivament com ell va dir en el moment del seu afusellament, era un home honrat.
L'assassinat de President Companys el 15 d'octubre de 1940 en el castell de Montjuïc va ser un acte de barbàrie que va pretendre, no només acabar amb la vida de qui havia ostentat el govern de la Generalitat durant la guerra provocada per franco i els seus sequaços , sinó que també va voler ser, i en certa mesura ho va aconseguir, una lliçó, un avís, una amenaça clara per als catalans que no acceptessin el règim colpista.
En Companys es materialitza la Catalunya progressista i reivindicativa que, sense renunciar a la seva identitat nacional, demostra que és possible, dins de determinat marc institucional de respecte i reconeixement, que és viable la col.laboració amb Espanya.
La millor demostració d'aquesta afirmació és que Companys va ser ministre de Marina d'un govern espanyol, presidit per Manuel Azaña, polític bastant jacobí que no tenia bona relació amb ell com ha deixat escrit en les seves memòries.
En fi, no vull avui allargar més. Només sumar-me modestament, però amb absoluta fermesa al record col.lectiu d'aquest home i al que suposa.
Avui, quan de nou el nacionalisme espanyol, aquest que sembla que no existeix, del qual ningú admet la seva existència, demostra la seva intolerància, seria bo recordar a Companys com una persona partidària de la convivència entre les diferents nacionalitats, que vulguin alguns o no, formen aquest estat.
Visca Catalunya.
Des de fa molts anys he sentit una profunda admiració pel President Companys. He seguit la seva trajectòria humana i política i crec que sí, que efectivament com ell va dir en el moment del seu afusellament, era un home honrat.
L'assassinat de President Companys el 15 d'octubre de 1940 en el castell de Montjuïc va ser un acte de barbàrie que va pretendre, no només acabar amb la vida de qui havia ostentat el govern de la Generalitat durant la guerra provocada per franco i els seus sequaços , sinó que també va voler ser, i en certa mesura ho va aconseguir, una lliçó, un avís, una amenaça clara per als catalans que no acceptessin el règim colpista.
En Companys es materialitza la Catalunya progressista i reivindicativa que, sense renunciar a la seva identitat nacional, demostra que és possible, dins de determinat marc institucional de respecte i reconeixement, que és viable la col.laboració amb Espanya.
La millor demostració d'aquesta afirmació és que Companys va ser ministre de Marina d'un govern espanyol, presidit per Manuel Azaña, polític bastant jacobí que no tenia bona relació amb ell com ha deixat escrit en les seves memòries.
En fi, no vull avui allargar més. Només sumar-me modestament, però amb absoluta fermesa al record col.lectiu d'aquest home i al que suposa.
Avui, quan de nou el nacionalisme espanyol, aquest que sembla que no existeix, del qual ningú admet la seva existència, demostra la seva intolerància, seria bo recordar a Companys com una persona partidària de la convivència entre les diferents nacionalitats, que vulguin alguns o no, formen aquest estat.
Visca Catalunya.
Ayer no tenía ganas ni ánimo para escribir. Sin embargo tenía una compromiso conmigo, con Catalunya y con la Libertad, un compromiso con nombre propio: Lluis Companys.
Desde hace muchos años he sentido una profunda admiración por el President Companys. He seguido su trayectoria humana y política y creo que sí, que efectivamente como él dijo en el momento de su fusilamiento, era un hombre honrado. Ciertamente de poco le sirvió.
El asesinato de President Companys al alba del 15 de octubre de 1940 en el castillo de Montjuic es un acto que pretendió no sólo acabar con la vida de quien había ostentado el gobierno de la Generalitat durante la guerra provocada por franco y sus secuaces, sino que también quiso ser, y en cierta medida lo logró, una lección, un aviso, una amenaza clara para los catalanes que no aceptasen el régimen golpista.
En Companys se materializa la Catalunya progresista y reivindicativa que, sin renunciar a su identidad nacional, demuestra que es posible, dentro de determinado marco institucional de respeto y reconocimiento, que es posible la colaboración con España.
La mejor demostración de esta afirmación es que Companys fue ministro de Marina de un gobierno español, presidido por Manuel Azaña, político bastante jacobino que no tenía buena relación con él como ha dejado escrito en sus memorias.
En fin, no quiero hoy alargarme más. Sólo sumarme modestamente, pero con absoluta firmeza al recuerdo colectivo de este hombre y a lo que supone.
Hoy, cuando de nuevo el nacionalismo español, ese que se parece que no existe, del que nadie admite su existencia, demuestra su intolerancia, sería bueno recordar a Companys como una persona partidaria de la convivencia entre las distintas nacionalidades, que quieran algunos o no, forman este estado.
martes, septiembre 15, 2009
ARENYS PROVOCA MIEDO
La furibunda, desproporcionada y dogmática reacción de los máximos representantes de la borbón-cracia con ocasión de la consulta efectuada en el pueblo barcelonés de Arenys de Munt sobre la posibilidad de que Catalunya se convirtiese en un estado de derecho dentro de la UE, demuestra, en mi opinión, dos cosas especialmente significativas.
En primer lugar el miedo cerval que en España produce el más mínimo intento de que se opine sobre cuestiones que afecten, por muy de lejos que sea, a la sagrada unidad de la patria. España es la patria común e indivisible de los españoles y a los que no les agrade que les den.
Por eso, muchas veces, me produce verdadera risa oír al ministro Rubalcaba cuando dice, para justificar el silencio al que es sometida la izquierda abertzale, que desde la democracia, siempre y cuando no sea por medios violentos, se puede defender cualquier idea, cualquier opción.
La reacción a la consulta absolutamente democrática y pacífica de Arenys, demuestra que eso es mentira. Habría de añadir el ministro que es defendible cualquier opción que no disguste a la España unidad de destino en lo universal, según la eterna definición de Falange Española.
La segunda cuestión es que hay una coincidencia absoluta entre los partidos constitucionalistas a la hora de impedir cualquier tipo de expresión soberanista, como bien lo ha expresado Maria Teresa Fdez. de la Vega, quien ha dejado bien claro que el derecho de autodeterminación no tiene cabida en la actual constitución. Algo que, por supuesto, ya sabemos de sobra. Ya están las Fuerzas Armadas para defender la integridad territorial.
Por lo tanto es inútil esperar de los dos partidos PP y Psoe cualquier tipo de aproximación hacia posiciones de comprensión, lo que no significa compartir opinión, en este asunto. Y esto vale para sus sucursales autonómicas, tal y como se ha visto con lo ocurrido en el País Vasco con el pacto entre Pachi López y Basagoiti y con la actitud del PSC.
Y, desgraciadamente, tampoco en IU, todos tienen muy claro esta cuestión y. en demasiadas ocasiones, se oyen voces que expresan una intolerancia absurda y penosa frente a la opción soberanista.
Y repito, no es que se obligue a nadie que se sume por fuerza al soberanismo sino, sencillamente, que se entienda que puede existir esa opción, que tiene derecho a expresarse y a intentar por todos los medios democráticos a su alcance, lograr convencer a la mayoría y, esto, incluye los refrendos a los ciudadanos. Es bueno conocer la opinión de los demás.
Parece ser que la experiencia de otros países como por ejemplo Canadá, donde ya se han realizado dos consultas sobre la independencia de Québec, no tienen validez y deduzco que sus sistemas democráticos no deben ser imitados. Claro que también es verdad que hay democracias de primera y de segunda y hasta de tercera.
Por todo esto, resulta muy lamentable, que ni siquiera nos podamos pronunciar libre, pacífica y democráticamente sobre una cuestión que, como todos sabemos también, y ya se han encargado los Pepiños y las Aguirre de toda clase de recordar, no tiene la más mínima trascendencia legal, ni jurídica. Entonces, ¿por qué esta terrible reacción?
Yo se lo digo: miedo a la libertad, miedo a la democracia, miedo al derecho de pensar por uno mismo.
Reacción que, además, está rodeada de una gran mentira porque el Ayuntamiento de Arenys no ha consultado a los ciudadanos sobre la posible independencia de Catalunya, sino que sencillamente aprobó en un pleno, dar apoyo logístico, es decir prestar un local municipal, a una entidad privada que fue la que ideó la pregunta en cuestión.
Pero, posiblemente, lo que más desasosiego me produce es la incomprensión de los españoles. La mayoría de los ciudadanos se suman de forma irreflexiva al bipartidismo unificador también en esta cuestión y hacen coro con aquellos que, como el expresidente de Extremadura, Rodríguez Ibarra, hacían del insulto demagógico a Catalunya el eje de su política.
Siempre di por bueno que dentro de un sistema federal, Catalunya podría encontrar una formula de convivencia saludable con España beneficiosa para todos, que dejara satisfecha a la gran mayoría. Hoy empiezo a pensar muy seriamente que esta posibilidad está cada día más lejana. Y como yo, otros muchos. Por eso crece el soberanismo.
Y creo, así mismo, que el problema no es encajar a Catalunya dentro de España. Estimo que desde España no se ha hecho jamás el más mínimo esfuerzo por entender a Catalunya ni a los catalanes y que, al final, todo se reduce a simplificaciones absurdas más propias de nostalgias imperiales.
Recomiendo, como ejercicio de reflexión, encarecidamente la lectura de la Oda a Espanya de Joan Maragall. Quizá aún estamos a tiempo.
En primer lugar el miedo cerval que en España produce el más mínimo intento de que se opine sobre cuestiones que afecten, por muy de lejos que sea, a la sagrada unidad de la patria. España es la patria común e indivisible de los españoles y a los que no les agrade que les den.
Por eso, muchas veces, me produce verdadera risa oír al ministro Rubalcaba cuando dice, para justificar el silencio al que es sometida la izquierda abertzale, que desde la democracia, siempre y cuando no sea por medios violentos, se puede defender cualquier idea, cualquier opción.
La reacción a la consulta absolutamente democrática y pacífica de Arenys, demuestra que eso es mentira. Habría de añadir el ministro que es defendible cualquier opción que no disguste a la España unidad de destino en lo universal, según la eterna definición de Falange Española.
La segunda cuestión es que hay una coincidencia absoluta entre los partidos constitucionalistas a la hora de impedir cualquier tipo de expresión soberanista, como bien lo ha expresado Maria Teresa Fdez. de la Vega, quien ha dejado bien claro que el derecho de autodeterminación no tiene cabida en la actual constitución. Algo que, por supuesto, ya sabemos de sobra. Ya están las Fuerzas Armadas para defender la integridad territorial.
Por lo tanto es inútil esperar de los dos partidos PP y Psoe cualquier tipo de aproximación hacia posiciones de comprensión, lo que no significa compartir opinión, en este asunto. Y esto vale para sus sucursales autonómicas, tal y como se ha visto con lo ocurrido en el País Vasco con el pacto entre Pachi López y Basagoiti y con la actitud del PSC.
Y, desgraciadamente, tampoco en IU, todos tienen muy claro esta cuestión y. en demasiadas ocasiones, se oyen voces que expresan una intolerancia absurda y penosa frente a la opción soberanista.
Y repito, no es que se obligue a nadie que se sume por fuerza al soberanismo sino, sencillamente, que se entienda que puede existir esa opción, que tiene derecho a expresarse y a intentar por todos los medios democráticos a su alcance, lograr convencer a la mayoría y, esto, incluye los refrendos a los ciudadanos. Es bueno conocer la opinión de los demás.
Parece ser que la experiencia de otros países como por ejemplo Canadá, donde ya se han realizado dos consultas sobre la independencia de Québec, no tienen validez y deduzco que sus sistemas democráticos no deben ser imitados. Claro que también es verdad que hay democracias de primera y de segunda y hasta de tercera.
Por todo esto, resulta muy lamentable, que ni siquiera nos podamos pronunciar libre, pacífica y democráticamente sobre una cuestión que, como todos sabemos también, y ya se han encargado los Pepiños y las Aguirre de toda clase de recordar, no tiene la más mínima trascendencia legal, ni jurídica. Entonces, ¿por qué esta terrible reacción?
Yo se lo digo: miedo a la libertad, miedo a la democracia, miedo al derecho de pensar por uno mismo.
Reacción que, además, está rodeada de una gran mentira porque el Ayuntamiento de Arenys no ha consultado a los ciudadanos sobre la posible independencia de Catalunya, sino que sencillamente aprobó en un pleno, dar apoyo logístico, es decir prestar un local municipal, a una entidad privada que fue la que ideó la pregunta en cuestión.
Pero, posiblemente, lo que más desasosiego me produce es la incomprensión de los españoles. La mayoría de los ciudadanos se suman de forma irreflexiva al bipartidismo unificador también en esta cuestión y hacen coro con aquellos que, como el expresidente de Extremadura, Rodríguez Ibarra, hacían del insulto demagógico a Catalunya el eje de su política.
Siempre di por bueno que dentro de un sistema federal, Catalunya podría encontrar una formula de convivencia saludable con España beneficiosa para todos, que dejara satisfecha a la gran mayoría. Hoy empiezo a pensar muy seriamente que esta posibilidad está cada día más lejana. Y como yo, otros muchos. Por eso crece el soberanismo.
Y creo, así mismo, que el problema no es encajar a Catalunya dentro de España. Estimo que desde España no se ha hecho jamás el más mínimo esfuerzo por entender a Catalunya ni a los catalanes y que, al final, todo se reduce a simplificaciones absurdas más propias de nostalgias imperiales.
Recomiendo, como ejercicio de reflexión, encarecidamente la lectura de la Oda a Espanya de Joan Maragall. Quizá aún estamos a tiempo.
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