Mostrando entradas con la etiqueta Memoria. Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Memoria. Historia. Mostrar todas las entradas

domingo, abril 25, 2010

ELLOS SI SUPIERON


Ayer viví, en compañía de decenas de miles de personas, una tarde de reivindicación cívica por la reparación de una indignidad que se extiende por demasiados años. Hombro con hombro, palabra con palabra, surgieron las voces templadas por los años, exentas de venganza,  pero que que reclaman justicia. Y recordé...

Recordé esta mañana de tranquilo y apacible domingo primaveral que, hoy hace 36 años, ellos, a los que siempre hemos dado la espalda, si pudieron. Ellos si tuvieron su revolución y derrocaron una dictadura que se perpetuaba desde 1926.

Grândola, Vila morena, un aldabonazo, una canción que hoy he vuelto a escuchar casi reverencialmente, emocionado y con respeto al digno pueblo portugués que si quiso y si supo expulsar de su vida y estar atento para que no volvieran las feroces fauces del salazarismo.

¡Noble Lusitania, no te imaginas cuanto te envidio!

Lisboa, amaneció cubierta de claveles rojos en las bocanas de los fusiles, armas que no eran para matar, sino para traer la libertad a un pueblo apacible, como cualquier domingo de primavera.

Ellos si pudieron y nosotros aún estamos esperando poder enterrar definitivamente el franquismo y aún no vemos forzados a pedir justicia.

Las manifestaciones de ayer en varias ciudades españolas y de fuera de nuestro país, con una significativa presencia ciudadana, demuestra que el hartazgo por la pervivencia de ese régimen ominoso que creyó lavarse la cara con la sacralizada transición, está llegando al límite.

No se pueden consentir por más tiempo la amnesia y el olvido deliberado y criminal del franquismo. Por mucho que se empeñen los que hoy son sus ideologos del siglo XXI, encabezados por la mayor parte de los dirigentes del Partido Popular, una de las derechas más reaccionarias y revanchistas del mundo que, como único argumento, recurren al insulto y la descalificación zafia.

¿Cómo es posible que a Mariano Rajoy no se le caiga la cara de vergüenza, al decir que las manifestaciones son una agresión brutal contra el Tribunal Supremo? ¿Es que ya no recuerdan las campañas que, a través de sus medios de comunicación afines, hicieron con motivo del juicio del 11-M? Qué pronto ha olvidado las acusaciones hechas a la policía por la trama Gürtel y las del franquista Mayor Oreja sobre la connivencia del PSOE y ETA.


Por mucho que se empeñe su inmoral aliado Joaquín Leguina, hay que decir alto y claro: si, la derecha española es en su mayoría cavernícola, franquista y reaccionaria.

Ayer hubo pruebas suficientes de civismo para que muchos tomen nota. Y no se trata de una amenaza, se trata de una decisión del pueblo soberano. Ya no aguantará mucho más tiempo este tinglado urdido entre los franquistas y quienes pactaron con ellos.

Es hora de reivindicar claramente y para siempre la memoria de los ofendidos y humillados.



sábado, abril 24, 2010

DE AMNESIAS Y AMNISTIAS



Joaquín Leguina, al que tuve oportunidad de descubrir hace ya muchos años, escribe hoy un interesante artículo en el diario El País, en el que pretende convencernos, desde la bondad de la equidistancia, de que lo mejor que podemos hacer es olvidar lo que sucedió durante la guerra incivil y la dictadura de Franco para no provocar desunión en la patria hispana.

El texto me parece muy interesante y clarificador porque se ocupa en profundidad de la verdadera cuestión que se está dirimiendo desde hace tiempo: los crímenes del franquismo y su pactada o no impunidad.

Por tanto, huye, creo que con buen criterio, de entrar en debates estériles sobre el juez Garzón (al que lanza su correspondiente puya)  y su presunta prevaricación, que no es el tema de fondo, sino un hábil recurso, al más puro estilo de Goebbels, para que el ruido sea tal que nos desvíe de lo esencial. Y, a partir de ahí, descubre su "pensamiento".

Dicho esto, tengo que manifestar mi más rotundo rechazo a los argumentos de Leguina porque parte de varias premisas falsas, pretendidamente bien intencionadas, pero que equiparan unas actitudes execrables (el terrorismo de unos golpistas) con las acciones violentas individuales de otros que fueron, siempre que fue posible, perseguidas.

Incluso en el ejemplo del militante socialista de Madrid que usa Leguina para "ilustrar" la violencia en el campo republicano, un personaje responsable de los paseos de la tristemente famosa brigada del amanecer, aclara que Indalecio Prieto dio la orden de detenerlo. ¿Hubo algún caso similar en el bando golpista, donde el terror era avalado y propiciado desde las máximas responsabilidades?

Es más, el discurso oficial y público de los sublevados era provocar el máximo terror posible, exterminar a medio país si era necesario para acabar con la "barbarie"  roja. Y ciertamente que se esforzaron en conseguirlo.

Insiste Joaquín Leguina en que durante la guerra en ambos campos se cometieron atrocidades, lo que es cierto desde un punto de vista meramente formal. Lo que no dice es que las franquistas no cesaron en su terror con la “victoria” sino que lo extendieron durante los 40 años que duró la dictadura.

Nada dice, por ejemplo, de los fusilamientos de septiembre de 1975, ¡dos meses antes de la muerte del dictador! Eso parce que no cuenta para el eminente ¿socialista? madrileño. El régimen de Franco actuó violentamente hasta el último instante.

También me ha sorprendido negativamente que asegure que los que pactaron la transición fueron generosos y no egoístas. No lo creo que absoluto, visto lo que hemos visto después.

Los que acordaron la transición con los franquistas, por cierto bajo la presión militar, sabían perfectamente que la amnistía generalizada significaba que, con todos los pronunciamientos legales, se daba cerrojazo a la responsabilidades de la dictadura y a todos sus beneficiarios, cómplices, palmeros y secuaces. Eso si, a cambio de poder participar en la “reconciliación nacional” y la construcción de la democracia otorgada.

Resulta ocioso decir que no es comparable la lucha contra una dictadura, que ejercer el poder en complicidad con la misma. Por lo tanto no se puede equipar a unos con otros ni sus acciones. Otra cosa es que se imponga la “amnesia” para todos los perdedores para salir del atolladero.

Dice que no hay que alentar la división maniquea ente buenos y malos. En realidad nadie pretende semejante cosa. Lo que se quiere es que las personas que están en las cunetas y en las fosas comunes anónimas puedan recibir una sepultura digna. Nadie, absolutamente nadie, pretende que se hagan funerales del Estado a esos muertos, sino que se les devuelva su dignidad escarnecida.

Y si, evidentemente las víctimas del bando "nacional" han recibido los honores correspondientes y la generosidad económica del franquismo.

Es cierto que no todos los asesinados por los franquistas lo fueron por su amor a la democracia y a la libertad, pero es que no ha existido la más mínima posibilidad de que nadie haya sido recuperado para la memoria.

Al final, ya desbarra al rechazar taxativamente que la derecha española sea añorante del franquismo. Ciertamente no estoy en condiciones de juzgar, ni además quiero, a toda la derecha hispana. Me tengo que guiar por los indicios de lo que observo y lo que veo no me gusta en absoluto.

Es muy posible que no sea añorante de la figura del general pero, sin duda, persiste una actitud autoritaria preocupante que se podría identificar con eso que se ha dado en llamar franquismo sociológico.


martes, abril 13, 2010

GARZÓN COMO PRETEXTO

Tenía que suceder. Antes o después se tenían que notar los efectos perversos de la tan alabada Transición;  de aquel pacto infame en el que los franquistas lograron perpetuarse, con la anuencia de una serie de individualidades y colectivos que,  unos de buena fe, otros por cálculo interesado,  prefirieron la vía de la reforma antes que la ruptura.





Ahora nos mesamos los cabellos, es el momento de la indignación y de la cólera, pero, en realidad, todo lo que está sucediendo es el resultado de tantos y tantos años de amnesia generalizada, de silencios deliberados, de dejar pasar el agua de la historia.

Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional, que como tribunal especial que es, supone una ignominia en cualquier democracia que se precie, es ahora víctima de un sistema despiadado que, de alguna forma, todos hemos contribuido a crear. No nos podemos llamar a engaño. Él tampoco.

Muchos han colaborado de forma entusiasta en la Ley de Partidos, en ominoso caso del diario Egunkaria. Tendrían que saber el peligro que eso suponía.

Pero el juez Garzón es en realidad sólo el pretexto que se utiliza para algo mucho más profundo, mucho más lesivo e ignominioso.

No se trata, por tanto, de la persecución individualizada contra un juez determinado. Se trata de que nadie ponga en duda la legitimidad del olvido, de dejar bien claro que los crímenes, las fosas desconocidas, los recuerdos de la represión, de la muerte, no se abren, que deben quedar bien encerrados bajo siete llaves como el sepulcro de el Cid.

Se trata de continuar con la tergiversación de la verdad, de lograr que nadie se pregunte por qué, quienes, cuando. Se trata de que nadie dude de la versión secular, de que no haya preguntas que cuestionen la inacción de la justicia.

Se trata de demostrar claramente que en España no se puede revisar nada de lo que tenga que ver con el franquismo, que esa época de nuestra historia es intocable porque así se pactó hace ya muchos años y, por tanto, que pretender ahora remover aquello es un acto inadmisible y un atentado contra la democracia.

Se trata de que se tenga muy claro que los vencedores siguen siendo los vencedores y los derrotados los vencidos. Se trata de reconocer la placidez del franquismo y su necesidad histórica. 

Se trata de que los españoles sepan para siempre que el pacto de la Transición no se puede revisar por muchos años que pasen, que aquellos actos terribles, no fueron tales crímenes, sino el resultado de un enfrentamiento en el que, en el mejor de los casos, la responsabilidad es compartida.

No nos extrañe entonces lo que ahora sucede. Quienes aceptaron el acuerdo con los franquistas tendrían que haber sabido que era como firmar con un pacto con el diablo y que éste, antes o después, viene a reclamar su parte: la mentira y el olvido cómplice.