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lunes, octubre 25, 2010

Love Story


Cuando esta noche, a eso de las diez, Tele5, estrene esa macro anunciada serie sobre la vida de Felipe borbón y Leticia Ortíz, tendremos una especie de entrega de un “love story” protagonizado por un un príncipe que se enamora de una periodista divorciada por la que está dispuesto a abandonarlo todo. ¡Vaya tela!

Como el tiempo pasa de forma inexorable para todos, hay que ir preparando la llegada del hijo al trono franquista y, de ahí, la necesidad de empezar con las adulaciones de rigor.

Pero, el colmo de la desfachatez es que,  encima, nos hagan creer que el familión borbónico desconoce de qué va la serie por lo que esta noche, al igual que el resto de los mortales, se enterarán de la trama. Y es que la monarquía de todos es cada día más campechana.

En fin, bien está que las cadenas de TV pierdan el tiempo intentado vendernos a estos personajes como si fueran una especie de héroes del pueblo, pero que además nos tomen por idiotas me parece demasiado.

¿Quién se puede creer que una serie en la que se trata, nada menos que de la familia borbón, no habrá sido supervisada hasta en el último detalle por quien corresponda a fin de que no se deslice el más mínimo error?

Supongo que esta mentira formará parte de la mercadotecnia para hacer más tragadero el producto en cuestión;  para que millones de personas se queden embobados viendo y oyendo como en realidad no se trata de unos privilegiados que viven del cuento y a costa del presupuesto nacional, como dicen los rojos y los republicanos,  sino de una pareja sencilla,  que resiste hasta final de mes con su sueldo y que han tenido los mismos problemas que el resto de la ciudadanía, para ellos, meros súbditos: colegios, hipotecas, vacaciones cortas, preocupación por su futuro laboral, etc.

La verdad es que no merece la pena perder más tiempo con esta historia, así que no sigo.

viernes, marzo 26, 2010

¡TORERO, TORERO!

Por si nos cabía alguna duda, que no nos cabía, el diario El País nos habría sacado de ella, tras leer el titular de su edición digital de hoy (25 de marzo) que no deja lugar a la interpretación. Resulta que el borbón, beneficiario del golpe del 18 de julio, es aficionando a la fiesta nacional y apuesta por ellas como ha dejado bien clarito en Sevilla: "El rey apuesta por los toros".

La cosa no tendría más trascendencia porque, a estas alturas, todos sabemos el escaso amor que el heredero de Franco tiene por el trabajo, incluso el que le corresponde como jefe del Estado, como se ha demostrado con el asunto de Delibes.

Lo que sucede es que en este momento en España hay un debate más o menos serio sobre la llamada fiesta (carnicería) nacional.

No es la primera vez que algún miembro da la familia mantenida con el presupuesto nacional, se pronuncia sobre temas sobre los que debería mantener un prudente silencio; no es la primera vez que algún miembro del familión al que todos pagamos con nuestros impuestos,  opina sobre cuestiones de las que nadie les ha pedido, porque la sencilla razón de que no nos interesa. En resumen, no es la primera vez que meten la patita.

Esta monarquía es ya resueltamente insoportable. Al hecho de que su legitimidad es assolutamente inaceptable, y lo de francamente no va con segundas pese a lo que pueda parecer, hay que añadir que su actitud sobrepasa los límites de lo aceptable porque se extralimitan de forma  habitual en cuestiones que no les competen en absoluto.

Bien harían los partidarios de este personaje en aconsejarle que estuviera calladito y, de momento,  y hasta que se le dé el finiquito y se proclame la República, se limitara a leer con más o menos destreza, los discursos que los gobiernos de turno le escriban para los actos oficiales, que es donde tiene que hacer acto de presencia inexcusable.

Pero no,  resulta que no es así, sucede que opina de todo lo que le viene en gana, sin el más mínimo sentido del pudor ni de la oportunidad, ni del decoro, sin tener n cuanta que su papel es el de reinar, es decir, vivir a costa del presupuesto y nada más. Cobra por no opinar.

Apoyar la carnicería nacional supone una toma de postura sobre un tema que está claramente fuera de sus competencias y, por tanto, puede incidir de manera directa sobre las opiniones de quienes si han sido elegidos por la ciudadanía.

El borbón puede ser aficionado a cazar osos borrachos en Rusia, a reunirse con Botín en la Fórmula-1 cada domingo, a navegar a costa de los empresarios de Mallorca cada verano, a probar los coches que las empresas automovilísticas le facilitan,  o a escaquearse de sus deberes oficiales.   

Vale, muy bien, ya lo sabemos, pero que encima tengamos que soportar sus opiniones ya pasa de la raya.