Si algo le faltaba al tipejo que habita en la Moncloa, además de ser el palanganero del FMI y similares, era pisotear impunemente el derecho internacional en nombre de la democracia. Hoy ha dado ese paso y se ha calificado a si mismo. Ya no tiene nada que reprochar a los que defienden la guerra y la violencia como solución a los problemas internacionales.
Resulta verdaderamente escalofriante saber que aquel que fue elegido en buena medida por su oposición a la guerra de Iraq, sea hoy un personajillo sanguinario, lameculos de un premio Nobel de la Paz que se ufana de haber cometido un acto tan deleznable como es el asesinato de alguien, por muy terrorista que pudiera ser.
¿Qué podemos esperar en el futuro de este sujeto? Da miedo pensar hasta dónde nos puede llevar su servilismo con el poderoso Obama, su conversión en uno de los bastiones del más feroz belicismo que se escuda en argumentos verdaderamente incalificables para eludir la más mínima crítica a su señor, junto al que iban a ser un acontecimiento planetario.
Parece que la condena del terrorismo sólo es obligatoria para la izquierda abertzale, mientras que para el resto, incluso es posible justificarlo en el Congreso de los Diputados.
Queda poco más de un año para que este personaje siniestro, con un poco de suerte, desaparezca para siempre de la vida política de España. ¡Ojalá sea así! Pero, en este periodo de tiempo, pueden suceder muchas cosas que aún pueden llevarnos a situaciones verdaderamente indeseables.
La respuesta que ha dado hoy al diputado de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, sobre la muerte de Bin Laden, traspasa los límites de lo que se podría esperar de una persona normal y demuestra que ha perdido toda clase de escrúpulos. Hoy ha defendido el terrorismo de estado como forma de actuación.
Que no nos quepa la más mínima duda: España está regida por un personaje que justifica el asesinato como solución a los problemas de seguridad. Ciudadanos temblemos.
Habrá alguien que solicite la ilegalización de las listas del Psoe por no condenar el terrorismo de estado?