Otra vez, hoy ha vuelto a suceder. Una mujer ha sido presuntamente agredida por su pareja o ex-pareja, que para el caso da lo mismo y ha fallecido en Salt, en Girona. Son ya 22 muertes en lo que va de año y esto es un auténtico desastre.
Esta enorme cifra de muertas no puede quedar en una estadística. Demuestra que lo que se ha hecho hasta ahora sirve para poco. No se evitan las agresiones, no se impide que muchas mujeres estén expuestas a que cualquier día, en una calle cualquiera o en su propia casa, sean asesinadas. Y, encima, cada vez disminuyen las denuncias. Algo va mal.
Después vendrán los minutos de silencio, las concentraciones frente a los ayuntamientos y las condenas más enérgicas. ¿Le servirá a la víctima de algo? ¿Ayudará a otras mujeres a evitar su muerte? Probablemente no. Algo no funciona.
Siempre he sostenido que no basta con poner ministerios de igualdad, ni con hacer leyes especiales, porque lo normal sería sencillamente aplicar el Código Penal. Un delito no tiene por qué tener un tratamiento específico porque esa no es la solución. Parece que las cifras, verdaderamente alarmantes me dan, como poco, una parte de razón.
¿De qué sirven todas las leyes especiales si no se les dota de medios? De nada, es sencillamente son un brindis al sol y una forma de logar votos. Pero continúan las muertes..
En resumen, nada de esto servirá, si no se ataca la raíz del problema: la violencia y el desprecio por los demás que es una cosa que se aprende, no se nace, salvo en casos muy raros, con ella.. Y esta es justo la cuestión esencial que no se quiere ver.
Quien es violento no lo es sólo con su mujer, su novia, su amante o con su tía, lo es en general y lo va a ser por muchas leyes que existan. Lo es siempre y lo demuestra a la más mínima ocasión, bien con los compañeros o compañeras de trabajo, en el fútbol o cuando conduce. Es cierto que hay matices pero, en la mayor parte de los casos se trata de un serio problema cultural.
Por lo tanto, si nos conformamos con minimizar el problema y con lograr que en vez de 22 muertas en seis meses, haya sólo 10 y decir autocomplacientes que hemos logrado una rebaja impresionante de las agresiones, el camino emprendido hasta ahora es posiblemente el correcto.
Pero, si de lo que se trata de es de acabar con esta plaga inmunda, lo único que servirá es iniciar todas las campañas educativas posibles, en todos los niveles necesarios, prácticamente desde que la persona llega al mundo. Así es posible que esta lacra acabe algún día.